Sesión Solemne 27 de Junio de 2014

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DIARIO DE SESIÓN Nº 200.- En la ciudad de Maldonado, siendo la hora 21:03 minutos, previo llamado reglamentario a Sala, se da inicio a la Sesión Solemne convocada para el día viernes 27 de junio de 2014.

Concurren a Sala los Ediles titulares María Cruz, Graciela Ferrari, Hebert Núñez, Diego Astiazarán, Juan C. Ramos, Fermín de los Santos, Daniel Rodríguez, Efraín Acuña, Eduardo Bonilla, Alejandro Lussich, Elisabeth Arrieta, Nino Báez Ferraro, María del Rosario Borges y los Ediles suplentes Beatriz Jaurena, María C. Rodríguez, Juan Sastre, Alba Clavijo, José Monroy, Flavio Maffoni, Leonardo Delgado, Carlos Stajano y Luis Artola. Con licencia: Andrés Rapetti. Con licencia reglamentaria: Eduardo Elinger y José Hualde. Ediles inasistentes: Andrés de León, Roberto Airaldi, Daniel Ancheta, Rodrigo Blás, José Vázquez y Francisco Sanabria. Preside el acto: María Cruz. Actúa en Secretaría: Nelly Pietracaprina (Secretaria General).

SEÑORA PRESIDENTA.- Buenas noches, siendo las 21:03 minutos, damos comienzo a esta Sesión Solemne a efectos de conmemorar el Día de la Resistencia y Defensa de la Democracia.

Quiero dar la bienvenida a todas las autoridades nacionales, departamentales y al público en general.

Rosana.

MAESTRA DE CEREMONIA.- Buenas noches.

La Junta Departamental de Maldonado les da la bienvenida a esta Sesión Solemne a efectos de conmemorar el Día de la Resistencia y Defensa de la Democracia.

Dando comienzo a la misma, los invitamos a entonar las estrofas del Himno Nacional.

(Así se hace). (g.t.d.)

(Aplausos).

A continuación daré lectura a un mensaje recibido del Edil del Partido Colorado, Eduardo Elinger.

“Compromisos familiares ineludibles me impiden estar presente en la Sesión Solemne de la jornada de hoy. Conmemorar cada 27 de junio el Día de la Resistencia y Defensa de la Democracia a 41 años del golpe de Estado cívico militar, que tanto daño causó a nuestra sociedad, es, en primer lugar, un acto de estricta justicia para homenajear a quienes defendieron la libertad y la vigencia del Estado de Derecho y, en segundo lugar, una oportunidad para reflexionar sobre las responsabilidades que nos competen a cada uno de los ciudadanos del país diariamente en el fortalecimiento de nuestras instituciones democráticas.

Renovando nuestro firme compromiso en defensa de los postulados expresados anteriormente, hacemos llegar un fraterno saludo a los compañeros integrantes del Cuerpo así como a las autoridades e invitados presentes.

Atentamente, Eduardo Elinger, Edil del Partido Colorado”.

SEÑORA PRESIDENTA.- También tenemos las excusas del señor Intendente que no ha podido llegar a tiempo para esta conmemoración.

Le vamos a dar la palabra al señor Edil Hebert Núñez.

SEÑOR NÚÑEZ.- Gracias, señora Presidenta.

Señora Presidenta, señoras edilas, señores ediles, autoridades departamentales y nacionales, compañeros que están en las barras: el 27 de junio de 1973 amaneció frío.

Decía la radio Spica de mi vieja, que había tres grados de temperatura. (cg)

Nosotros íbamos al liceo de mañana. Caminé por Maurente, con las manos en los bolsillos y cuadernos bajo el brazo, y apuro el paso porque son las 08:10 y entro y cuarto. Atravieso Agorrody y apuro un poco más, va a sonar el timbre. ¡Pero qué raro! Todo el mundo está en la calle. Pregunto: ¿qué pasa?, nadie lo tiene muy claro pero no hay clases, están suspendidas.

En la radio de mi vieja Meteorología anunciaba tiempo inestable, desmejorando. Yo tenía 17 y el pronóstico duró hasta los 28.

Por lo bajo algunos hablaban de golpe de Estado. No teníamos muy claro de qué se trataba, todo era muy confuso, nadie se retiraba. Después tendríamos muchos años para conocer de primera mano el rostro de la dictadura cruel que sufrió el pueblo uruguayo.

El 27 de junio del 73 cayeron estrepitosamente, ante los ojos de América, del mundo y los nuestros propios, las garras del cóndor financiado por la secta Moon para aplicar un sangriento plan de exterminio a quienes se oponían a los intereses del imperialismo que, como es sabido, coherentemente interviene en cada rincón del planeta buscando inescrupulosos títeres que sin apoyo de los pueblos gobiernan con mano dura repartiendo hambre, miseria, desocupación y enfermedades. Son genuflexos, obsecuentes y llenos de miedo, para protegerse a sí mismos y a unos pocos traidores que los secundan.

En nuestro país optaron por títeres también; ese rol le tocó ocuparlo al Presidente del momento, Juan María Bordaberry –un estanciero, político sin prestigio personal ni popular, ex dirigente de la Liga Federal de Acción Ruralista–, que disolvió el Parlamento por decreto.

Cuando en ese 27 de junio triste despuntó el alba, la suerte ya estaba echada. Se quebraba nuestro tiempo, nuestras vidas serían diferentes. Hubo hombres que dejaron de ser hombres para dar paso a las fieras que llevaban dentro, el horror campeó impune, pisoteando con sus botas los hogares uruguayos. Muchos de mis amigos estuvieron presos, torturados, de plantones, perdidos, no se sabía dónde estaban.

Pero origen tienen las cosas. El 13 de junio del 68 Pacheco Areco decreta las Medidas Prontas de Seguridad y, además, declara un estado de guerra interno. En ese escenario, completa el gobierno con torturas, prisiones y asesinatos que terminan convirtiéndose en moneda común por esos años.

En setiembre del 72, con el Gobierno de Juan María Bordaberry, las Fuerzas Armadas anunciaban públicamente que el Movimiento de Liberación Nacional Tupamaros había sido derrotado y la mayoría de sus integrantes estaban presos o habían tenido que marchar al exilio. (k.f.)

Es importante recordarlo, porque esto da por el suelo con los argumentos de algunos nostálgicos que sostienen que el proceso se instaló porque el país estaba en guerra; en todo caso, la guerra fue contra un pueblo desarmado.

En el quinquenio que va del 68 al 73 el movimiento obrero y popular, en medio del castigo y la persecución, crece y se fortalece. La Convención Nacional de Trabajadores, la gloriosa CNT, frente a los rumores de golpe de Estado resuelve, con valentía y una responsabilidad absoluta que, de concretarse el golpe, la respuesta sería la huelga general y la ocupación de los lugares de trabajo.

Por lo tanto, está de más decir que fueron 15 días de huelga general interminable, único ejemplo en el mundo, que miraba impresionado cómo esta parcela sobre el Atlántico, fiel a su Historia artiguista, combatía al imperio del cóndor, mientras los tanques rodeaban el Palacio de las Leyes, inevitablemente jaqueado de muerte por el dictador del momento y los Generales traidores que no concibieron su lugar de subordinados a la Constitución y la Ley. Y es bueno recordar los nombres: Esteban Cristi, Luis Queirolo, Abdón Raimúndez y Gregorio Álvarez.

Desde el primer momento la FEUU ocupa las facultades. En los próximos días son ocupados los servicios públicos. Algunos de ellos son por ejemplo AFE, UTE, OSE y los Hospitales Maciel, Pereira Rossell, Pasteur, Pedro Vizca y Vilardebó. También se ocupan las instituciones de asistencia médica: CASMU, La Española, Uruguay-España y Fraternidad; los Bancos República, el de Seguros y el de Cobranzas. Los trabajadores de más de 500 empresas se suman a la huelga: AMDET, Tem, Delne, Ferrosmalt, Siam, General Electric, FUNSA, Alpargatas, CICSSA, Frigorífico Carrasco, La Aurora, Everfit, Midover, Fibratex, PHUASA, Eternit, BÃO, Codarvi, La Manchega, Salus, Bagnulo y Cooperativa Magisterial. Se paraliza el Puerto de Montevideo y la refinería ANCAP.

Se adelantan las vacaciones de invierno, que se extenderían hasta el 20 de julio. El Ministro del Interior, Coronel Néstor Bolentini –un poco mostrando las uñas– anuncia que en los tiempos que vendrían: "Este país tendrá orden, este país verá restablecidos sus servicios y abastecimientos, no importa lo que pueda costar". Y vaya que costó.

El Poder Ejecutivo ilegaliza la CNT, prohíbe sus actos y reuniones, clausura los locales sindicales, incauta los bienes de los trabajadores y ordena el arresto de los directores gremiales. Simultáneamente comienza la operación de desalojo de los locales de trabajo. Comienza una larga década de represión contra los trabajadores, maestros, profesores y estudiantes.

Entre los días 3 y 7 de julio la dictadura emite más de 100 comunicados, la mayor parte dirigidos a los trabajadores, con amenazas de despido y pase a la Justicia de los huelguistas.

Las Fuerzas Conjuntas ordenan la captura de 52 dirigentes de la CNT. Por cadena de radio y televisión se difunde el Comunicado Nº 862, con los nombres, datos y fotos de los requeridos. Se los acusa de ser mafiosos y delincuentes. Un decreto del Poder Ejecutivo dispone la cesantía de los empleados públicos que no vayan a trabajar y el arresto de los que inciten a la huelga. Autoriza a las empresas privadas a despedir sin indemnización a los huelguistas.

Las patronales expulsan trabajadores invocando el decreto aun antes de que se hubiera emitido. Comienza una ola masiva de despidos; Marcha habla de 14.000, mientras que el Ministerio del Interior dice que son 1.300.

Son tantos los detenidos que no hay dónde alojarlos. El Cilindro Municipal se habilita como cárcel. En dos días llegan 500 presos al nuevo centro de reclusión.

El 9 de julio la CNT, el Frente Amplio y un sector del Partido Nacional, convocan a una movilización por la Avenida 18 de Julio “a las cinco de la tarde, "a las cinco en punto", como decía García Lorca en su poema y repetía incansablemente Ruben Castillo por Radio Sarandí. (a.f.r.)

El "Gallego" Aurelio González, además de ser fotógrafo de El Popular -cuando este podía decir poco y nada por la censura-, inventó una especie de diario oral para que nadie quedara sin saber lo que estaba ocurriendo a lo largo y ancho de Montevideo y contaba de ese 9 de julio, textualmente: "A las cinco en punto por 18 de Julio, en las veredas, no cabía la gente y en la esquina de 18 de Julio y Julio Herrera había un cartel de la gente de la bebida y un grito que dijo: ‘Libertad CNT’ y ahí todo el mundo se largó a la calle, que quedó colapsada. Gritaron todos al unísono: ‘Viva la Libertad’, ‘Tiranos temblad’, ‘Viva la CNT’”.

Entonces apareció el ejército. Vino con ropas de guerra, con fusiles de guerra y como eso no bastaba trajeron carros policiales, gases lacrimógenos y helicópteros sobrevolaron la principal avenida de nuestro país para reprimir y llevar más de 2.000 presos al Cilindro Municipal.

La dictadura detiene al Presidente del Frente Amplio, General Líber Seregni, al General Licandro y al Coronel Zufriategui en ese mismo acto. Un grupo armado, en el que hay uniformados y hombres de civil con brazaletes blancos –los que después se repetirían muchas veces en diferentes oportunidades– asalta el diario “El Popular”; son reconocidos miembros de la JUP (Juventud Uruguaya de Pie). Destrozan el local y detienen a 129 personas.

El 11 de julio la CNT levanta la huelga general con 27 votos a favor, 2 en contra y 1 abstención, después de haber dejado en la más absoluta soledad a la naciente dictadura, que logra reclutar civiles para nombrar un gabinete ministerial integrado en su mayoría por políticos que desoyeron a sus direcciones partidarias.

Comenzará una larga resistencia clandestina. En ese momento no hubo lugar para berrinches; fue una resistencia colectiva, pero solitaria. Cada quien ocupó su lugar, nadie precisó que le explicaran su deber. Los lugares que quedaban vacíos se ocupaban de forma callada. Había miedo, pero se sabía quién era el enemigo. Se hicieron las grandes cosas y las pequeñas cosas; era por la vida.

No había renuncias, ni enojos, no se teorizaba, nadie se sentía fuera. Había banderas pisoteadas y requerían ser enarboladas.

Cuando hoy a la mañana colocamos una marca a la memoria de Gelós Bonilla sentí una profunda emoción. Allí estaba de nuevo la resistencia y la defensa de la democracia; allí estaban de nuevo nuestras caras, más viejas, y también estaban las nuevas caras. En alguna de esas caras me pareció ver a Gelós, a “Paco” Espínola escribiendo en una mesa –hoy hace 41 años de su muerte–, mientras el “Negro” Abel, luchador nuestro, infatigable, en otra mesa mandaba un vinito a su salud.

Vi esas caras y me pareció que me decían que aún no estaba, que no era suficiente, que faltaba un poco más, más verdad y más justicia. Me pareció ver a Nibia, a Zelmar, al “Toba”, a Elena, a Susana, a Fernández y a Mendiola, y en medio de todos ellos a Pablo diciendo: “Por estos muertos, nuestros muertos, pido castigo. Por los que de sangre salpican la Patria, pido castigo. Por el verdugo que mandó esta muerte, pido castigo. Para el traidor que ascendió sobre el crimen, pido castigo. Para el que dio la orden de agonía, pido castigo. No quiero que me den la mano empapada con nuestra sangre, pido castigo. No los quiero de embajadores, tampoco en sus casas tranquilos. Los quiero ver aquí, juzgados en esta plaza, en este sitio; pido castigo”.

Gracias, Presidenta.

(Aplausos). (a.g.b.)

(Durante el transcurso de esta disertación, se retiraron los Ediles Eduardo Bonilla y Juan C. Ramos e ingresaron los Ediles Graciela Caitano, Daniel Montenelli, Guillermo Ipharraguerre y Sebastián Silvera).

SEÑORA PRESIDENTA.- Gracias, señor edil.

Tiene la palabra la señora Edila María del Rosario Borges.

SEÑORA BORGES.- Gracias, señora Presidenta.

Señora Presidenta, compañeras y compañeros ediles, autoridades y público que nos acompaña: la Ley Nº 19.211 del 16 de mayo de 2014 declaró el 27 de junio de cada año “Día de la Resistencia y Defensa de la Democracia”, “honrando” –como dice su Artículo 1– “la memoria de quienes defendieron la libertad y la plena vigencia del Estado de Derecho”.

Se prevén en sus Artículos 2 al 4 formas de proceder a divulgar el rol de los distintos actores de nuestra sociedad democrática en oposición al golpe de Estado en la convocatoria a la huelga general y prevé la realización de actividades públicas para evocar los hechos así como espacios en radio oficial, radio, televisión y espectáculos para rescatar la memoria de los hechos vinculados con la resistencia al golpe.

El Diputado Oscar Groba fue el autor del proyecto que apuntaba a conmemorar la resistencia de los trabajadores, que desde un primer momento decretaron la huelga general. En la discusión legislativa se amplió para que abarcara también la resistencia a la dictadura de otros sectores.

Para honrar la memoria de quienes defendieron la libertad y el Estado de Derecho, queremos recordar que hace 41 años el Senado de la República sesionaba por última vez; al día siguiente Uruguay despertaría en una dictadura militar.

El primer orador en esa sesión fue Wilson Ferreira Aldunate cuyas palabras han trascendido y las cuales en muchas oportunidades hemos escuchado aquí en el seno de esta Junta, pero hubo otros senadores que también pidieron la palabra para repudiar el crimen que las fuerzas armadas y el Presidente Bordaberry estaban cometiendo, uno de ellos fue el Senador Amílcar Vasconcellos.

Queremos recordar antes, cuando en febrero de 1973 los militares desconocieron la designación como Ministro de Defensa Nacional de Antonio Francese que Vasconcellos denunció los hechos y presagió el advenimiento del golpe de Estado del 27 de junio de 1973, en un libro publicado ese mismo año: “Febrero Amargo”. La Justicia Militar pidió al Senado que le retirase los fueros parlamentarios para someterlo a proceso.

En la última sesión del Senado, previa al golpe de Estado, pronunció un breve pero encendido discurso. Nos vamos a permitir leer parte de sus palabras del Diario de Sesiones correspondiente.

Dijo Vasconcellos: “Señor Presidente: en primer término quiero efectuar una constancia de orden personal.

Desde la mañana de hoy, por distintos conductos amigos nuestros de diferentes sectores de la actividad, nos hicieron llegar la versión de los acontecimientos que se estaban preparando y nos expresaron, además, que figurábamos en la lista de las personas que, una vez disuelto el Parlamento, seríamos detenidos.

Quiero decir, en esta sesión del Senado, que hago responsable, de hoy para siempre, a todos los que intervengan en esto, de la menor arbitrariedad que cometan contra mí. Nací en la frontera, y soy hombre que no olvida agravios y que sé devolverlos”.

Más adelante expresa: “Pasando a lo que importa, a lo que es trascendente, cosa curiosa es que quienes se ofendieron y se agraviaron hace poco tiempo porque dijéramos que estaban preparando en la sombra estos hechos que se están desencadenando contra nuestro país, sin provenir de acciones judiciales, lleguen a este término de confirmación pública, ante el país, la Historia, América y todo el mundo, de que todos aquellos motivos presentes de agravio no eran otra cosa que la máscara que pretendían tapar con sus verdaderas intenciones. (c.i.)

Digo esto, porque los hechos, mucho más elocuentes que las palabras, ahí están.

Hay triunfadores efímeros que las hojas del viento desparraman, y se olvidan hasta del odio de los pueblos. Ellos se sentirán vencedores, y muchos serviles y miserables se acercarán para decorar su situación momentánea, pero ya sentirán también el látigo de la Historia sobre sus nombres y el de sus hijos, como una mancha indeleble por la inmensa traición que están cometiendo contra el Uruguay. Y de esto, señor Presidente, no se salvará absolutamente nadie; contra esto, nadie puede defenderse.

Así como hace un rato, con el grito de su Partido, contestaban otros hombres de sectores políticos diferentes, lanzo al país como un grito que es de paz, pero también es de guerra, el inmortal de: ‘Viva Batlle’, que debe estar siempre presente en la República”.

Hasta aquí las palabras de Amílcar Vasconcellos, senador de la época.

Por último, queremos leer parte de una declaración del Comité Ejecutivo del Partido Colorado “Batllismo”, de fecha 13 de julio de 1973 –ya en plena dictadura–, que mediante un panfleto que decía al pie en letras grandes “Léalo y páselo”, se dio a conocer.

Dice así: “Con motivo de los acontecimientos de notoriedad y ante la imposibilidad de que la Convención pueda levantar su cuarto intermedio para proseguir con la consideración de la ‘Situación Política del País’, el Comité Ejecutivo Nacional del Partido Colorado ‘Batllismo’ reasume las facultades que le fueron conferidas por aquel Cuerpo en sus sesiones del mes de febrero próximo pasado y ESTABLECE: 1º) Que la sola condición de batllista le exime de tener que fijar su posición ante los hechos ocurridos, por cuanto sigue fielmente la doctrina del Maestro, que fuera llamado, por su defensa de las libertades y los derechos individuales, El Fanático de la Legalidad. 2º) Que en la seguridad de interpretar el sentir del batllismo, reclama en su nombre se encaren de inmediato las soluciones para el retorno a la vigencia plena de la Constitución y de la Ley. 3º) Que dicho retorno no solo implica el restablecimiento de todas las instituciones del sistema democrático representativo, sino también el cumplimiento ineludible del principio de que todas las instituciones, públicas y privadas, cualquiera sea su índole, deben mantener su actividad dentro de sus fines y funciones especificas sin desviaciones de ningún orden, así como los partidos políticos deben funcionar en forma orgánica para que, efectivamente, constituyan los elementos esenciales del sistema democrático representativo. 4º) Que recomienda” –y aquí siguen una serie de recomendaciones–: “a) Que todos los batllistas, en la militancia partidaria y en cualquier institución de la que formen parte, actúen decididamente para que los principios enunciados se concreten. b) Que hasta que se pueda proceder a la consulta de la ciudadanía batllista mediante el procedimiento que establece la Carta Orgánica –lo que se procurará sea lo antes posible– los batllistas deben estar atentos a las recomendaciones que emanen de esta autoridad partidaria, las que se ajustarán íntegramente a los postulados que informan el programa de principios del partido y a los altos intereses de la Nación. c) Que todos los batllistas deben ajustar su conducta a las disposiciones que se infieren de la presente Declaración. d) Que los ciudadanos batllistas que ocuparen posiciones de Gobierno que no hubieren sido otorgadas mediante el ejercicio de la libre voluntad popular, no actuarán como representantes del partido. e) Que en lo referente al planteamiento formulado en el numeral segundo, este Comité Ejecutivo Nacional propondrá, con la urgencia que el caso requiere y luego de las consultas indispensables que aseguren su viabilidad, las resoluciones que el partido estime pertinentes”. (m.r.c.)

Termina diciendo “¡Viva Batlle!”.

(Aplausos).

SEÑORA PRESIDENTA.- Continúe señora edila, si no había terminado. No hay problema.

SEÑORA BORGES.- No importa.

En definitiva, creemos que estos postulados, como colorada y batllista, los seguimos sintiendo como vigentes. Y más que nunca decir que la defensa de la democracia, de la institución democrática, es una tarea de todos los días. Como edil me siento responsable de esa tarea y realmente siento el deber de tener que trabajar para ello todos los días.

Hay un límite muy delgado entre lo que es la plena vigencia de la democracia y una dictadura, porque ahí entran las que pueden ser actitudes autoritarias que a veces empiezan como actitudes que parecen muy bobas, pero después terminan siendo algo muy serio y que puede desencadenar, realmente, en que estemos violentando todo el Estado de Derecho en el que estamos viviendo y en el que tenemos que vivir por siempre.

Muchas gracias.

(Aplausos).

(Se retiran de Sala los Ediles Graciela Caitano, Daniel Montenelli, Leonardo Delgado, Diego Astiazarán y Alejandro Lussich e ingresan los Ediles Cristina Pérez, José L. Noguera, Juan C. Ramos, Juan Shabán y Belén Pereira).

SEÑORA PRESIDENTA.- Gracias, señora edil.

Tiene la palabra el señor Edil Juan Carlos Ramos.

SEÑOR RAMOS.- Señora Presidenta, señores ediles, autoridades nacionales y departamentales: tengo que comenzar diciendo que el único privilegio que tengo para decir las palabras que siguen, es el haber sido contemporáneo, o haber participado, o haber sido testigo.

No es un mérito esa razón biológica, pero por lo menos puedo dar fe de lo que yo viví, no de lo que me relataron, sino de lo que constituyó una vida comenzada en 1940, que mañana cumple 74 años y que pasó por todos esos períodos.

El primero, el del Uruguay pacífico, próspero, culto, trabajador, lleno de instituciones sociales, lleno de previsión social, lleno de institutos que fueron creados para que el Estado fuera más fuerte y que, desgraciadamente, medró en base a las guerras mundiales, con la colocación de lo que hoy se llama “los commodities” en el exterior.

Cuando se terminaron las guerras mundiales, con un pequeño apéndice que fue la Guerra de Corea, el Uruguay comenzó a entrar en crisis y esa crisis la empezamos a sufrir.

Tenemos que recordar que en el año 1952 habíamos llegado al summum, al máximo de la institucionalidad, de aquello que tanto criticaba Miguel Ángel Asturias, el señor Presidente. No teníamos más al señor Presidente. Aquel individuo que se iba a sentir tentado de convertirse hoy o mañana en un dictador, porque nuestro gobierno era colectivo, un gobierno a la Suiza, un gobierno que institucionalmente estaba absolutamente inmune de toda tentación, de prepotencia y de dictadura.

En ese proceso de la década del 50 el Uruguay comienza realmente a decaer con la pérdida de los mercados y el descaecimiento lamentable de las instituciones. (g.t.d.)

A fines de esa década se produce un cambio importante en el país: luego de 93 años el Partido Colorado, pacíficamente –como debe ser civilmente–, entrega el poder sin ninguna clase de violencia a su adversario político, el Partido Nacional. Pero cambiaron las cosas: el mundo se había constituido en un escenario bipolar; dos imperios poderosos se disputaban la hegemonía mundial, ambos con centros de poder, ambos con satélites y con armas atómicas.

América era una especie de feudo de los Estados Unidos; para utilizar la palabra y la opinión de unos historiadores uruguayos con respecto a la colonia española, se habían dedicado durante varias décadas a ordeñar la vaca latinoamericana en un acto de explotación verdaderamente inicuo.

Uruguay de alguna manera se mantuvo al margen, era el país más europeo, el más europeizado, el más civilizado. Tres países eran la excepción en América Latina: México, Costa Rica y Uruguay, países civilistas y democráticos; el resto estaba sumido en dictaduras militares, a cual peor, y sobre todo dictaduras militares que entregaban la riqueza de esos países a las grandes corporaciones internacionales que todos conocemos.

Por otro lado, en la Europa devastada por la Segunda Guerra Mundial se había instaurado lo que se llamaba el “poder socialista”, que también tenía sus países satélites que eran dirigidos por la potencia principal.

Nosotros, en ese momento, 1960, recibimos toda la influencia exterior de las luchas internacionales y, además, otra, que nos llegó de acá mismo, de América, que fue la Revolución Cubana. Una Revolución Cubana que fue vista con esperanza, que fue vista con alegría, que fue vista con una postura de optimismo para tratar de mejorar las relaciones entre los países americanos y, sobre todo, para demostrar en qué consistía el orgullo de ser un país independiente.

Lamentablemente, los acontecimientos posteriores, las luchas, los bloqueos, las miserias políticas, llevaron a que esos proyectos quedaran no en la nada sino en proyectos.

La iniciación de ese camino fue el camino de la violencia, el camino de la guerra, el camino de la guerra civil, del levantamiento armado.

Uruguay, recibió en Montevideo a uno de los principales dirigentes de la Revolución Cubana que fue el “Che” Guevara, quien dio la recordadísima conferencia –yo estuve presente– del 17 de agosto del año 1961, día lamentable y funesto porque a la salida del Paraninfo de la Universidad bandas asesinas y terroristas mataron a un profesional de la docencia: Arbelio Ramírez.

Yo quisiera ser muy claro transcribiendo la opinión del “Che” Guevara –sin dar la mía– con respecto a lo que él entendía les estaba manifestando a los oyentes de la Universidad. (cg)

Decía: “La fuerza es el recurso definitivo que le queda a los pueblos. Nunca un pueblo puede renunciar a la fuerza, pero la fuerza solamente se utiliza para luchar contra el que la ejerce en forma indiscriminada. Y nosotros –les podrá parecer extraño que hablemos así, pero es cierto–, nosotros iniciamos el camino de la lucha armada, un camino muy triste, muy doloroso, que sembró de muertos todo el territorio nacional, cuando no se pudo hacer otra cosa.

Tengo las pretensiones personales de decir que conozco América y que a cada uno de sus países, en alguna forma, los he visitado, y puedo asegurarles que en nuestra América, en las condiciones actuales, no se da un país donde, como en el Uruguay, se permitan las manifestaciones de las ideas.” 1961.

“Se tendrá una manera de pensar u otra, y es lógico; y yo sé que los miembros del Gobierno del Uruguay no están de acuerdo con nuestras ideas. Sin embargo, nos permiten la expresión de estas ideas aquí, en la Universidad, y en el territorio del país que está bajo el Gobierno uruguayo. De tal forma que eso es algo que no se logra, ni mucho menos, en otros países de América.”

Opinión del “Che” Guevara en el año 1961 en la Universidad de la República.

Pasaron los meses, pasaron los años y pasaron los tiempos. Lamentablemente, apareció un movimiento de fuerza en el país que era la respuesta a una tendencia que se venía gestando desde hacía 20 años en las Fuerzas Armadas nacionales, especialmente en el Ejército, cuyos oficiales superiores bebían en Primo de Rivera, en las obras del fascismo italiano, y en el Mein Kampf de Hitler. Ese grupo de oficiales nazifascistas –porque eran nazifascitas y lo fueron, y fueron oficiales falangistas– fueron la semilla del golpe de Estado posterior. Se estuvo gestando durante 30 años ese golpe de Estado.

Esto me hace acordar aquella película de Ingmar Bergman, “El huevo de la serpiente”; o sea, es el momento o la génesis del monstruo que nace. Pero inicio tiene que tener; es la que acabamos de describir.

Recuerdo, además, en 1960, por otro lado, una película que vi muchas veces, “La batalla de Argelia”. En “La batalla de Argelia” se describía cómo se luchaba, desde el punto de vista del terrorismo, contra los franceses en Argelia. Yo todavía estoy mirando los dibujos triangulares que se hacían en aquel pizarrón en la película y cómo la guerrilla describía su funcionamiento, limitando el conocimiento de un militante con otro en una sola persona; los demás no eran conocidos.

Yo también leí del “Che” Guevara La guerra de guerrillas; y La guerra de guerrillas tenía un concepto fundamental: el guerrillero, para ser exitoso, tiene que moverse entre el pueblo como el pez en el agua. Eso en Uruguay no se dio; el pueblo expulsó a quienes eran cuerpos extraños, porque estaban en contra de la vida civilista y pacífica a la cual estábamos acostumbrados.

Siguieron pasando los años y en el año 1967 la ciudadanía libremente votó por derogar el sistema de gobierno colegiado. Volvimos a tener una presidencia y, lamentablemente, al volver a tener la presidencia, otra vez apareció la tentación del pequeño Napoleón –que en este caso era un exboxeador–, desgraciadamente porque falleció el Presidente Gestido y porque tuvimos la muy mala suerte de que el Vicepresidente no estaba a la altura de las circunstancias.

La represión se acentuó, la prensa fue clausurada, los partidos políticos fueron desconocidos en su funcionamiento, comenzaron las torturas, comenzaron las persecuciones, comenzaron las destituciones; algo que nunca se había visto en este país, jamás se había visto. Y tampoco se había visto la escalada de violencia de un lado y de otro; los asesinatos, los secuestros, las extorsiones
de un lado y de otro. (k.f.)

De manera que el 27 de junio es el remate, es el último episodio. Hay un episodio en el medio que es el del “Febrero amargo” –el 9 de febrero del 73–, en el cual los militares abiertamente ya desconocen la autoridad de la Presidencia de la República y del Ministro de Defensa.

De manera que estamos hablando de un proceso, de un proceso que no quisiéramos que volviera jamás a repetirse.

Hoy se celebra el “Día de la Resistencia y Defensa de la Democracia”. Yo tengo que decir con toda claridad que la resistencia la hizo el pueblo anónimo, el pueblo que hacía bromas con respecto a la dictadura que teníamos; el pueblo que luchaba dentro de sus posiciones, dentro de su trabajo, desde el exterior o desde el exilio interior, para que hoy o mañana todo terminara lo antes posible.

Resistencia fue el “Río de Libertad”; resistencia fue el “No” del 80 –eso es resistencia civil–; resistencia fue el trabajo de los destituidos –que tuvieron que torcer su destino y dedicarse a otras tareas diferentes a aquellas a las cuales su vocación les había impelido la vida–; resistencia es también el hecho de que los muertos hoy nos hablen de los sufrimientos, de las torturas que padecieron y de los horrores que nunca más quisiéramos volver a repetir.

Ese 27 de junio cayó el último bastión, cuando ya habían caído todos los demás. Nosotros no tenemos otro sentimiento en este momento que el dolor, el pesar de recordar una fecha absolutamente infausta, absolutamente dolorosa. Reitero: no queremos volver a repetirlo. Que nunca más ocurra.

Nuestro triunfo, el triunfo político, el triunfo ciudadano, no es que nosotros estemos discutiendo con nuestros adversarios políticos. Honro al Partido Nacional, al Partido de Paysandú, honro al Partido Colorado –el partido constructor del Uruguay moderno–, honro al Frente Amplio –espíritu renovador de esta nueva república que tenemos, pero nueva república que se afianza con los recuerdos de hace 100 años–. Y a aquellos que no están representados acá, en esta Junta, pero que también tienen una actividad política. Ese es nuestro triunfo.

El 27 de junio se proscribieron todos los partidos políticos, todas las opiniones; no importaba ninguna, ningún trabajador podía hablar, ningún docente podía hablar, ningún político podía hablar. Después, el largo brazo de la dictadura asesinó a héroes de nuestros partidos: al “Toba”, a Zelmar, persiguió a Wilson por todos lados y por suerte no lo pudo agarrar.

Así como antes habían derramado su sangre y perdido su vida Baltasar Brum y Julio César Grauert en el 33, en el 73 y en el 76 hubo muertos cuya memoria honramos hoy con toda devoción.

Lo último que queremos decir en esta recordación tan dolorosa es que tenemos la más absoluta confianza de que perdurará la democracia, que nuestro destino como seres humanos es vivir en libertad, en la tolerancia, ajenos al despotismo y contrarios a todos aquellos que nos quieran indicar cómo tenemos que hablar, qué tenemos que decir, cómo tenemos que opinar y qué tenemos que pensar.

(Aviso de tiempo). (a.f.r.)

Para terminar quiero decir que siempre recuerdo una frase de uno de los más grandes políticos que haya dado América, que fue el Presidente Lincoln. En su oración fúnebre en el Cementerio de Gettysburg, cuando honraba la memoria de todos aquellos que habían caído en esa batalla, compañeros y adversarios, del Norte y del Sur, no importaba, ya estaban muertos. La vida había pasado por ellos en el error o en el acierto y ahora había que honrarlos.

Entonces, ese insigne hombre dijo que estos muertos, cuya memoria permanezca por todo el tiempo, sirvan para que el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo nunca más desaparezca de la faz de la tierra.

(Aplausos).

(Durante esta exposición se retiran los Ediles Efraín Acuña, Cristina Pérez, José L. Noguera, Belén Pereira y Luis Artola e ingresan los Ediles Nátaly Olivera, Liliana Berna y Douglas Garrido).

SEÑORA PRESIDENTA.- Gracias, señor edil.

Tiene la palabra el señor Edil Guillermo Ipharraguerre.

SEÑOR IPHARRAGUERRE.- Gracias, Presidenta.

El pueblo de Maldonado, al cual representamos y hoy aquí presente, tiene que tener la noción clara, proyectada hacia el porvenir, de que estos episodios que se recuerdan, que no son cosa de viejos, tienen una inmensa proyección de futuro y nos comprometen en lo inmediato en el devenir del avance democrático de nuestra República Oriental del Uruguay.

No estamos hablando, señora Presidenta, de algo que pasó por casualidad hace 41 años. En realidad estamos hablando de un proceso, como bien se describía, de mucho tiempo atrás y que, como tal, debe ser examinado y tenido en cuenta para no cometer errores y para que la vida política y en sociedad en este Uruguay libre avance y se proyecte.

Señora Presidenta, mi partido, el Partido Nacional, era gobierno allá, por 1964 –respetaba la Constitución, respetaba la Ley, era fruto y resultado de las urnas–, cuando a alguien, contra el Derecho, contra la Ley, contra las autoridades legítimamente constituidas se le ocurrió recurrir a la lucha armada para cambiar el orden de la vida de relación del país, cuando tenía la oportunidad de integrar un partido político, de formarlo, de votar, de cambiar la orientación del país y sus instituciones mediante el voto y no lo hizo. De ahí parte de los errores.

También, señora Presidenta, mi partido siempre, antes y ahora, entendió que el Presidente de la República era el comandante supremo de las Fuerzas Armadas y que sus mandos jerarquizados tenían como primera obligación cumplir la Constitución y la Ley, y estaban ellos y las armas de la Nación subordinados y sujetos a la defensa de las instituciones y de la libertad. (a.g.b.)

Y cometieron muchos errores también aquellos iluminados que usaron las armas que el pueblo les dio para defensa de la libertad en contra de la sedición para, con ese pretexto, y como botín de guerra, apropiarse de las instituciones y del futuro nacional con tan graves consecuencias. Mal unos y mal los otros.

Nuestro país y nuestro partido, señora Presidenta, cumplen la Ley de Resistencia y Defensa de la Democracia, pero no precisa que se le ordene en una ley, es parte de su vocación, es parte de su manera de ser, es parte de sus orígenes, desde la gesta independentista, de aquella divisa “Defensores de las leyes”, que por algo perdura hasta hoy en día.

Señora Presidenta, nuestro partido –que ha hecho por la conducción de este país y por el progreso de sus instituciones, por la honra de sus libertades y por el progreso de su gente–, ¡vaya si resistió durante la dictadura!

También cuando Wilson hace su encendido discurso y proclama que nuestro partido será el vengador –no tengan ninguna duda– de las instituciones, contra aquellos que cometían aquel desatino esa fatídica noche del 27 de junio.

Señora Presidenta, ¿qué fue si no defensa y resistencia la acción del triunvirato del Partido Nacional que en la clandestinidad bregó por la organización del partido, la permanencia del mismo y la protección de nuestros ciudadanos y de todos los ciudadanos? Triunvirato integrado, entre otros, por Carlos Julio Pereyra, por el Escribano Ortiz, por Mario Heber, por Silveira Zabala, a medida que se iban sustituyendo.

¿Es o no, acaso, señora Presidenta, resistencia a la dictadura la acción de nuestro partido en la clandestinidad, desorganizado, en la lucha contra la reforma constitucional de 1980, en aquellos históricos debates de Pons Etcheverry y Tarigo contra el Doctor Bolentini y contra otro que ya la memoria se lo tragó y más vale que ni lo recuerde?

¿Es o no, acaso, resistencia la elección interna de 1982? Brecha que nos dejaron y por la cual nos metimos –y vaya que aprovechamos todos la oportunidad–, con la existencia de personas y partidos proscriptos, pero que nuestro lema, Partido Nacional, votando en vez de por números por letras, logró representar a un espectro muy amplio de la ciudadanía que encontró en nuestro partido una forma de expresión, más allá de los que votaban por otro partido y más allá de los que votaban en blanco.

¿Es o no, acaso, defensa y resistencia la acción internacional emprendida por Wilson Ferreira Aldunate ante el Parlamento de los Estados Unidos, una vez muertos Gutiérrez Ruiz y Zelmar Michelini, pidiendo que cesara la ayuda militar e internacional que aquellos gobiernos hacían a la dictadura uruguaya y por la cual se le persiguió y se le encarceló cuando regresó al país?

¿Es o no, acaso, resistencia y defensa de la democracia las gestiones que nuestro partido llevó adelante a los efectos de que la salida democrática fuera decorosa y soberana?

Más allá de la opinión histórica, ¿es o no, acaso, resistencia y defensa de la soberanía y de la democracia no sentarse a negociar con los militares en el Club Naval? (c.i.)

¿Y es acaso o no resistencia y defensa de la democracia el concurrir a la elección de 1984, con nuestro principal líder, Wilson Ferreira Aldunate, proscrito y preso, aceptando pacíficamente el resultado de las urnas para un período de 1985 a 1989? Período donde por primera vez, en 1989, de toda la ciudadanía, de todos los partidos y de todos los candidatos no existió nadie que estuviera proscrito.

Señora Presidenta: nuestro partido no precisaba de esta ley, pero la cumple. Rememora el hecho con dolor, pero lo proyecta positivamente hacia el futuro para no cometer este tipo de errores.

Por supuesto que tenemos presente –porque lo vivimos, teníamos 26 años– la noche previa, cuando se decía que iba a haber un golpe de Estado; cuando el país había sufrido Medidas Prontas de Seguridad –que el Parlamento levantaba y el Presidente de turno reinstalaba, y el Presidente las imponía y el Parlamento las levantaba, y las volvían a imponer–; cuando se habían ensayado montones de formas de negociación política; cuando nuestro partido no había votado el desafuero a Erro porque era una imposición militar; cuando se fabricaban expedientillos tipo modelo para que la clase política independiente fuera siendo procesada por la Justicia Militar.

Todo esto repercute y cae en 1973. Pero hoy, a 41 años, señora Presidenta, en realidad estamos evocando sucesos que arrancan 50 años atrás. Cuando en nuestro país había democracia y gobiernos libremente electos por la gente, quienes recurrieron a las armas –ya sea de un lado o del otro– tenían la posibilidad de cambiar el futuro del país a través del voto, pero lamentablemente no lo hicieron.

Por eso, señora Presidenta, nosotros entendemos que este tipo de rememoraciones deben lanzarse al porvenir, para que lo tengan en cuenta todos –ciudadanos, partidos políticos, militares, educadores, gente en general– cumpliendo la Constitución y la Ley, desde el primer deber de un trabajador que se levanta a construir el progreso de su familia y de su patria, hasta el más encumbrado Presidente de la República que no debe introducirse, por ejemplo, en campañas electorales; porque aquella intromisión de Pacheco Areco en campañas electorales, queriendo reformar la Constitución –que dio por resultado más votos que votantes en 1971–, hizo que nuestro partido y el país perdieran la posibilidad de que Wilson Ferreria Aldunate fuera en 1971 Presidente de la República, y muy distinta hubiera sido la Historia del país desde entonces.

Por eso invitamos a todos los ciudadanos a hacer una recordación pacífica, como dice el cartel, “con memoria, verdad y justicia”, pero memoria y verdad histórica. Y a quienes no lo vivieron
que se los cuenten bien. (m.r.c.)

Y utilizar eso para que el progreso del país sea en base a las libertades y que la orientación política provenga a través de los fieles representantes del pueblo mediante partidos políticos y que los procesos electorales se cumplan en la fecha indicada; y cuando la urnas se abren –que se deben abrir– e indiquen otra cosa, se respete y exista alternancia de partidos políticos en el país. Así se construye la felicidad pública, así lo ha entendido a lo largo de su historia el Partido Nacional, por eso viene muy bien esta recordación y la cumplimos.

Muchas gracias Presidenta.

(Aplausos).

(Durante el transcurso de esta oratoria se retira el Edil Juan C. Ramos e ingresa en su lugar el Edil Daniel Montenelli).

SEÑORA PRESIDENTA.- Gracias señor edil. Tiene la palabra el señor Edil Fermín de los Santos.

SEÑOR DE LOS SANTOS.- Gracias Presidenta. Buenas noches a todos los invitados, compañeras, compañeros todos.

La compañera edila del Partido Colorado hacía referencia a la Ley 19.211, ley que votaron, por unanimidad, todos los partidos políticos con representación en las Cámaras de Montevideo, vale decir, diputados y senadores.

Allí se decreta –voy a leer dos artículos nada más–: “Declárese el 27 de junio de cada año Día de la Resistencia y Defensa de la Democracia, honrando la memoria de quienes defendieron la libertad y la plena vigencia del Estado de Derecho”.

Pero el Artículo 2 dice algo que para mí es de superlativa importancia: “Se considera de interés general que el sistema educativo proceda a divulgar el rol de los ciudadanos, partidos políticos y trabajadores uruguayos, nucleados en la Convención Nacional de Trabajadores –CNT– y otras organizaciones en oposición al golpe de Estado en la convocatoria a la huelga general”.

No es menor aclarar –no para nosotros sino para las generaciones hoy jóvenes– que en nuestro país hubo un golpe de Estado, hubo tortura, hubo presos políticos, hubo desaparecidos y hubo mujeres embarazadas que esperaron a que dieran a luz para matarlas y entregar su crío a algún cómplice que se prestaba para tamaña canallada.

La Ley 19.211, como decía, que declara al 27 de junio Día de la Resistencia y Defensa de la Democracia, desde luego que la fecha se refiere al 27 de junio de 1973, comienzo de la huelga general, respuesta del pueblo en defensa de la democracia.

Queremos aportar desde lo local al relato de esa defensa, que la ley resalta y hemos elegido pensar, recordar el Uruguay de hace 40 años, el de 1974, un año después del golpe de Estado, un año después de la huelga general y de la manifestación del 9 de julio.

Recordaremos ese páramo de la historia, ese agujero de no tiempo, de no historia, esa época en la que nos quieren hacer creer que no pasaba nada, esa época en donde pasó todo lo que nos trajo esta libertad y esta dignidad presente.

Hemos elegido relatar lo que sucedió en San Carlos, pero pudo pasar en cualquier lugar.

A esta altura del mes, por aquel año, Uruguay –esperemos que no se dé– acababa de ser eliminado del Mundial de Alemania. El 15 de junio perdió 2 a 0 con Holanda, el 18 empató 1 a 1 con Bulgaria y el 23 perdió 3 a 0 con Suecia. También fueron clausurados definitivamente los últimos periódicos que no respondían al gobierno: “Marcha” y “Ahora”.

Se vendrá en agosto la ley que exige a los funcionarios públicos un certificado de fe democrática, la gente se queda sin trabajo por una sospecha o una denuncia anónima. (g.t.d.)

No se pueden reunir más de tres personas en la calle, hay que andar con la cédula porque no tenerla es motivo de detención inmediata.

Todo el mundo sabe lo que pasa en los cuarteles, pero no se habla de eso.

Las noticias las traen los viajantes de comercio y las sueltan mirando para el costado en los boliches.

¿Qué se puede hacer? ¿Qué se pudo hacer? Porque siempre hay esperanza.

Caminata. Se puede juntar la gente en una calle para darse ánimo, se pueden juntar todos los que no nacieron héroes, se pueden juntar los que se seguirán juntando, anónimos imperceptibles, hasta que la prepotencia y el miedo se metan en la “cucha”, pero esto recién empieza, faltan nueve años.

Salgo a caminar y no es “la cintura cósmica del Sur”, es el Sur descarnado sin voz, callado y derrotado; es el Sur de los diarios que cuentan cosas lindas y de las radios que no pasan cantores uruguayos; es el Sur del silencio, la prudencia, el Sur de poner la otra mejilla y no mirar a los ojos a los que te piden documentos, no reclamar nada; es el Sur de las puertas cerradas, las familias partidas, de los bares sin gente y de las calles sin gente; de perder el trabajo por cantar alto “Tiranos temblad”.

Es el Sur de mirar para otro lado, es el Sur de creer que algo hicieron las víctimas, porque si no hicieron algo yo también soy victimario, aunque uno los conozca y no pueda creer que hicieron eso que dicen los diarios. Pero también es el Sur del que está en la letra de la Vela Puerca antes de que esa letra exista, es el Sur que dice: “Cuando todo parece jodido es cuando hay que poner”.

Caminata en San Carlos: silencio. Sólo los tacos de los zapatos en la vereda; una sola cuadra llena de gente que camina en silencio. No hay gritos ni consignas ni pintadas. Son amas de casa, estudiantes, comerciantes, trabajadores asalariados; son pocos para la cantidad de gente que vive en este pueblo.

Los rostros están serios, nadie quiere que le descubran el miedo, nadie quiere saber cuántos son y quiénes son: todos quieren saber cuántos son y quiénes son. Nadie sabe si hay que hacer como que se miran las vidrieras o caminar demostrando que se está ahí para manifestarse, aunque sea motivo de detención la reunión de más de tres personas.

Todos están dispuestos a correr el riesgo de que los detengan. Nadie pisa la calle, aunque las veredas de la cuadra estén inusualmente concurridas. El comisario es el único que camina por la calle y es el único que habla en voz alta. ¡Cuánta gente se juntó en esta cuadra! Hace un momento no había nadie. Como un manantial de rabia brotó esa cuadra llena de gente el 27 de junio de 1974.

Hace un año que no hay Parlamento ni libertades públicas ni radio o diarios que digan la verdad; no se sabe cuánto falta para que esto termine.

Nadie se imagina de lo que serán capaces los salvadores de la Patria, nadie puede imaginar los desaparecidos ni las fábricas de dolor que vendrán. Pero ahí están los que vinieron esta noche y a esta cuadra para saber que no están solos, para decir que la libertad, la justicia y la democracia se ganan y se merecen.

Ahí están los que brotan de las esquinas y como vinieron se van a ir. Todos les debemos algo: memoria –¡memoria!–; todos nos debemos algo. (cg)

Hacer cada día lo que esté a nuestro alcance para acercarnos al sueño del poeta: “Cuántos kilómetros faltarán/para llegar al pueblo aquel/donde no falte el tibio pan/donde te ofrezcan pura miel. /Adonde no te golpearán/por religión o por la piel/por socialista o musulmán/te llames Günner o Raquel.”

Gracias, concejal de mi querida ciudad de San Carlos y su musa inspiradora, Susana, querido “Canario” D’Andreau.

Gracias, señor Presidente.

(Aplausos).

(Durante estas palabras y siendo la hora 22:12 minutos, cambia la Presidencia del Cuerpo, asumiendo la misma el Edil Hebert Núñez (1er. Vicepresidente) retirándose de Sala los Ediles María Cruz, Daniel Montenelli y Guillermo Ipharraguerre e ingresando los Ediles Juan C. Ramos y José L. Noguera).

SEÑOR PRESIDENTE.- Compañera Alba Clavijo, tiene la palabra.

SEÑORA CLAVIJO.- Compañero Presidente, presentes todos esta noche: políticos, vecinos, trabajadores, en el Día de la Resistencia y la Defensa de la Democracia.

Supondrán que estamos llenas de recuerdos, porque son tantos y tantos los recuerdos, no solo los del día 27 sino los anteriores al día 27. Porque como acá se dijo, nada comenzó el 27, yo diría que comenzó mucho antes: con la reforma constitucional del año 52, con la gran huelga de la Salud Pública del año 52, con la lucha de los estudiantes y los trabajadores por una Universidad participativa en los años 58, con la huelga tremenda de los obreros textiles del año 58, con las huelgas de los bancarios.

Porque cuando hablamos de democracia, las medidas prontas de seguridad no solo se aplicaron en el Gobierno de Pacheco, también cuando el Ministro era Tejera, cuando a los trabajadores los obligaban a ir a un centro en Montevideo y de ahí salir a trabajar.

Hay mucha historia pasada, pero vamos a recordar la reciente para poder mirar hacia el futuro.

La noche del 27 me encontró en Rocha, en la casa de un amigo y compañero entrañable, el primer edil frenteamplista de Rocha, el Maestro González Sena. Y ahí me dieron la orden de regresar a Montevideo –donde yo vivía.

Esa madrugada, cuando regresaba a Montevideo, sentí una profunda emoción; en las fábricas que estaban sobre Camino Maldonado –por ejemplo, recuerdo la fábrica donde se hacía el Mejoral– los obreros estaban en las azoteas poniendo la bandera del país; poniendo nuestra bandera estaban los trabajadores.

Porque no fue una resolución de la Central Obrera de ese día ni del día anterior hacer una huelga si había dictadura; la Central Obrera lo había resuelto en un congreso en el que tuvimos la suerte de estar. Viendo lo que se venía, las constantes medidas de seguridad y la presencia de rompehuelgas, todos los sindicatos del país, por unanimidad, habían resuelto que si había una dictadura ahí iba a estar la clase obrera parada. No fueron los iluminados dirigentes de esa noche, fue toda la clase trabajadora la que estuvo presente: los trabajadores del campo, de UTAA, los textiles, los bancarios, los de ANCAP, los de Maldonado –la Federación de maldonadenses, que era fundadora de la Central Obrera.

Y yo creo que todo esto tuvo dos fundamentos enormes. De la misma manera que hay que conmoverse ante el esfuerzo y la huelga de los trabajadores, hay que conmoverse ante el esfuerzo de los estudiantes que ocuparon las facultades y la Universidad, la querida e histórica FEUU, que ya había dado sus mártires –Líber Arce y otros–, que habían muerto aparentemente en democracia, en los años anteriores –en el 68, en el 69. Ya había sangre en las calles de Montevideo, a pesar de que habíamos pasado por las urnas. Porque no fue una cosa milagrosa ni espontánea lo sucedido en la
noche del 27 de junio. (k.f.)

Por eso de la misma manera en yo recuerdo a mi central obrera –por la que me siento siempre cobijada–, recuerdo a los estudiantes que dejaron sus vidas en las calles y que estuvieron ocupando las universidades y las facultades. Y no fue por casualidad que la dictadura intervino la universidad, cerró los sindicatos y los utilizó para cualquier cosa; el sindicato del SUNCA tenía nada más ni nada menos que milicos adentro, cuarteles adentro.

Quiero recordar, además, que el 9 de julio, ante aquella convocatoria de Ruben Castillo, en esas horas, en lo que me es personal, yo estaba en un velorio de un niño, de un adolescente de 15 años que se llamaba Walter Medina, canilla, estudiante, poeta, al que mataron por la espalda en Manga mientras escribía en un muro “consulta popular”. Ese fue su delito, escribir “consulta popular” con una crayola hecha a mano en su casa.

Mientras todo Montevideo concurría a las cinco de la tarde a la concentración, en una empresa fúnebre en la Unión, en Montevideo, se velaba a un niño, a un joven, a un adolescente, al que habíamos tenido que ir a buscar al Hospital Militar. Lo habían matado por querer la consulta popular.

Por eso a lo jóvenes, a los trabajadores y al pueblo oriental hay que homenajearlos profundamente, a esos jóvenes a los cuales a veces no les damos el lugar que requieren y necesitan, han dado por esta Patria todo lo que se puede dar y un poco más también.

Lo quiero recordar porque en esa historia me tocó… Voy a contar algo que me conmovió profundamente. Walter vivía con sus padres en una casa muy humilde en Manga; acompañada por otro compañero fuimos a decirle a su padre que le habían matado al hijo. El señor estaba tomando el mate junto al Primus y cuando le dijimos de la muerte de su hijo, este hombre –para que comprendamos lo que es para los humildes– nos preguntó mirando al cielo: “¿Y yo qué hago que no tengo plata para pagar un cajón para mi hijo?”. Exactamente eso nos dijo. “¿Qué hacemos? ¿Quién se hace cargo de esto?” Por supuesto que dijimos: “Nosotros; no sabemos cómo, pero lo vamos a hacer”. Era la pobreza por naturaleza aquella casa, piso de tierra… Tenía allí los diarios que iba a salir a repartir esa mañana. A veces no entendemos lo que es ser pobre, el hombre sentía un dolor profundo, pero tenía una interrogante: no tenía con qué pagar el cajón para su hijo.

Todas esas cosas sucedieron y seguirán sucediendo.

¿Por qué recordar esta resistencia? Cuando recordamos –y lo sentimos– el dolor de los muertos, de los torturados, cuando recordamos a los exiliados que tuvieron que estar lejos de su patria y de su familia; muchos de ellos, cuando volvieron, ya habían muerto sus padres, habían muerto los seres más queridos por lo cual no tuvieron consuelo.

Pero hay algo de lo que no habla el pueblo uruguayo en su conjunto, que es del miedo, del abandono, de la dificultad para trabajar, de las destituciones, de lo difícil que era ir a pedir un trabajo si no se tenía la chapa de demócrata, demócrata, por supuesto, para los que gobernaban.

Pero esto no comenzó el 27. Yo estoy mirando hacia arriba… El año 72 fue el año
más difícil para Maldonado. (a.f.r.)

Hay un compañero allá arriba, que lo estoy recordando y él me está haciendo recordar a mí, que ya en los cuarteles de Maldonado se torturaba, se cumplían todos los requisitos de una dictadura y teníamos un presidente, una presidencia, que había pasado por las urnas. Sin embargo, ya era una fuente tremenda de torturas. Algunos de los que pasamos por allí, la cucarda que nos fueron poniendo los enemigos… Recuerdo a esos compañeros que estaban ahí y los repartieron, a algunos por Cerro Largo, a las compañeras que estaban presas por Treintas y Tres, a algunos –como a ese compañero que está ahí arriba– los llevaron a Montevideo.

Es decir, no comenzó el 27, el clima antidemocrático de este país campeaba. La sangre de los estudiantes estaba en la calle, como también existía la persecución de los trabajadores en las fábricas. Y tuvimos el camino de ese 27…

(Aviso de tiempo).

Yo tengo una suerte bárbara, siempre me avisan cuando hay que terminar…

(Hilaridad).

Siempre alguien me avisa que tengo que terminar y a algunos compañeros no les avisan, pero está bien, está claro.

Entonces, es muy bueno recordar, es muy bueno hacer la historia para aquello del “nunca más”. Nunca más…

Yo creo que en este país, este año electoral es uno de los años especiales para que todos los partidos –no tengo la menor duda– caminemos democráticamente hacia ese octubre, con respeto y esfuerzo, para que la voluntad ciudadana se vea expresada en lo que ella quiera, como ella lo quiera y para que todos, a la noche siguiente del último domingo de octubre podamos decir, como en el Himno, que supimos cumplir y que cada uno defendió la herramienta de la Constitución, ganando aquel en el que el pueblo uruguayo más creyó y confió.

Esas noches no hay vencedores ni derrotados, siempre que venza la democracia y que se den todas las posibilidades para que todos los compatriotas puedan expresarse como ellos piensen. No puede haber derrotados en una democracia, cuando todos juntos fuimos a reafirmarla. Esta es una manera de resistir a las tentaciones y a la defensa de la democracia.

Que nunca olvidemos este 27 y que nunca olvidemos de dónde venimos para que no haya “nunca más”.

Hoy no pude, por razones personales, ir al homenaje a Gelós Bonilla, pero los compañeros y empleados de acá saben que más de una vez le he hecho un homenaje y que la primera placa que se puso en este patio fue a Gelós Bonilla y a propuesta mía.

Entonces, todos los que tenemos vocación política e integramos los partidos políticos tenemos un compromiso, que este año tiene una fecha: el último domingo de octubre. Que entonces todos podamos construir esa democracia y que no nos sintamos vencedores ni ganadores, porque la que debe ganar es la democracia, la voluntad del pueblo. Y seguir así caminando y construyendo un país de hombres y mujeres libres, con memoria y con justicia, sin perder la memoria ni la justicia porque todavía falta mucha justicia. Todavía hay desaparecidos en los cuarteles, todavía hay mucha cosa para recordar.

Yo tengo la confianza de que la reflexión de esta noche nos va a ayudar a todos. Tengan la seguridad de que si todos nos comprometemos nunca más pasará lo que en esa etapa, porque hoy, y en esta etapa histórica, somos todos nosotros, los que están arriba y los que estamos acá, los que tenemos el compromiso de mejorar cada vez más la democracia, de mejorar cada vez más las condiciones de vida de todos los ciudadanos, porque el homenaje a los que dieron la vida, a los que estuvieron allí y sufrieron, no es solo con el recuerdo y con el pensamiento, sino que es con la acción, comprometidos a construir un país mejor entre todos y para todos.

(Aplausos).

(Durante el transcurso de esta oratoria se retiraron los Ediles Daniel Rodríguez y Liliana Berna e ingresaron los Ediles Guillermo Ipharraguerre y María Fernández Chávez).

SEÑOR PRESIDENTE.- Gracias por el redondeo.

Tiene la palabra el señor Edil Sebastián Silvera. (a.g.b.)

SEÑOR SILVERA.- Gracias, Presidente.

Queremos decir que vamos a ser muy breves por una cuestión de respeto. Creemos que cuando se hablan temas tan delicados y que tocan en lo más profundo del ser, en principio hay que haber vivido ciertas cosas para poder hablar con propiedad.

En la noche de hoy estamos haciendo referencia a un golpe de Estado que ocurrió 41 años atrás, mientras que quien les habla tiene solamente 31 años, o sea que nací 10 años después de que se produjera tan lamentable hecho.

Pero ahora queremos destacar algunas cuestiones, Presidenta.

En primer lugar, el nivel con que se ha dirigido la totalidad de ediles, fundamentalmente, la altura con que se han manejado los ediles oficialistas, los ediles del Frente Amplio, en un tema tan delicado como este.

A pesar de mi corta edad me ha tocado escuchar todo tipo de versiones, he leído mucho del tema y, más allá de que no lo viví, naturalmente tengo mi propia posición y mis propias creencias, pero en muy pocas oportunidades escuché lo que escuchamos hoy: un cuerpo de ediles hablando con una mirada al pasado, pero por sobre todas las cosas, mirando al futuro, con mucho respeto y sin rencores.

Presidenta, no podemos dejar pasar esta oportunidad para remarcar siempre la defensa del Estado de Derecho, la defensa del Estado sometido a la ley, la defensa del Estado con la separación de Poderes, la defensa de las instituciones y conmemorar, en definitiva –más allá de que en un tema como este, naturalmente que no podemos decir festejo–, este Día de la Resistencia y Defensa de la Democracia para que naturalmente lo que ocurrió en el pasado nunca más, nunca más vuelva a pasar, rechazando todo tipo de violencia, venga de donde venga, de un lado o del otro, y por sobre todas las cosas, como decía la compañera Alba Clavijo, siempre en defensa de la democracia.

Gracias, Presidenta.

(Aplausos).

(Durante esta exposición y siendo las 22:35 minutos, cambia la Presidencia del Cuerpo, ingresando y asumiendo la misma su titular, la Edila María Cruz; se retira la Edila Nátaly Olivera).

SEÑORA PRESIDENTA.- Gracias, señor edil.

Tiene la palabra el señor Edil Juan Shabán.

SEÑOR SHABÁN.- Gracias, compañera Presidenta.

Gracias a todas y todos por estar aquí ahora.

El 27 de junio de 1973 Bordaberry disolvía las Cámaras.

Nació en una familia de origen católico, colorado y antibatllista. Hijo del estanciero y político colorado Domingo Bordaberry Elizondo y de Elisa Arocena.

Educado en el Colegio de los Padres Jesuitas se transformó en un católico integrista y crítico del Concilio Vaticano II convocado por Juan XXIII.

Dedicado desde joven a las actividades agropecuarias, sus primeras actividades políticas las realizó en el seno de la Liga Federal de Acción Ruralista liderada por Benito Nardone. Fue elegido senador del Partido Nacional por la Alianza Nacionalista Ruralista que triunfó en las elecciones de 1958, ocupando ese cargo entre 1963 y 1965.

En 1964 aglutinó a sus seguidores en la Liga Federal de Acción Ruralista, integrándose en 1969 al Partido Colorado. Fue Ministro de Ganadería y Agricultura y 1972 durante el Gobierno de Jorge Pacheco Areco. (c.i.) entre 1969

En 1971 la Unión Nacional Reeleccionista, sector pachequista del Partido Colorado, lo postuló a la Presidencia de la República, en fórmula completada por Jorge Sapelli, para el caso de que la reforma constitucional propuesta por dicho grupo para habilitar la reelección del Presidente Jorge Pacheco Areco no obtuviera los votos necesarios para su aprobación. Como esto fue lo que aconteció, Bordaberry se convirtió en Presidente de la República.

En su momento, Presidenta, hubo quienes afirmaron que habría habido irregularidades en dicha elección; en particular, que habría habido más votos que votantes habilitados en algunos circuitos –como aquí se dijo–, y que estas irregularidades habrían favorecido a Bordaberry en desmedro de Wilson Ferreira Aldunate, candidato del Partido Nacional.

De esa forma Juan María Bordaberry asumió como Presidente de la República en un momento de especial intensidad de las actividades en nuestro país. Hizo frente a la situación aliándose con los sectores más conservadores militares y civiles, que ocuparon los puestos más relevantes del gobierno.

En febrero de 1973, al no aceptar el Ejército y la Fuerza Aérea el nombramiento como Ministro de Defensa del General Antonio Francese, Bordaberry terminó cediendo y pactando con las Fuerzas Armadas el 12 de febrero en el llamado Acuerdo de Boiso Lanza, lo que para algunos fue el prólogo del quiebre institucional que vendría.

Bordaberry presidió el golpe de Estado del 27 de junio de 1973, disolviendo el Parlamento –al que sustituyó por un Consejo de Estado designado por el Poder Ejecutivo–, las organizaciones sociales y los partidos políticos, y suprimiendo las libertades civiles. Los militares comenzaron entonces a ocupar cargos de responsabilidad en el gobierno, en lo que se denominó el “proceso cívico-militar”.
En 1975 propuso a los militares imponer un nuevo sistema constitucional de inspiración fascista y franquista, eliminando definitivamente todos los partidos políticos –para entonces ilegalizados– y suprimiendo las instituciones liberales. En 1976 Bordaberry presentó dos nuevos memorandos políticos a la Junta de Oficiales de las Fuerzas Armadas, pero esta consideró que la propuesta de eliminar los partidos políticos era muy arriesgada, por lo que el 12 de junio decidió destituir a Bordaberry y designar para reemplazarlo a Alberto Demicheli, quien entonces ocupaba la presidencia del Consejo de Estado.

Por entonces, el 16 de junio de ese mismo año, las Fuerzas Armadas dieron a conocer sus discrepancias con Bordaberry mediante un comunicado.

En su punto número uno dice: “El Presidente de la República no acepta el futuro funcionamiento de los partidos políticos tradicionales. Entiende que estos no tienen cabida en el Uruguay del futuro. Propone, en sustitución de la vigencia de ellos, la promoción y desarrollo de corrientes de opinión, que en definitiva vendrían a ocupar el vacío dejado por aquellos. En cambio, las Fuerzas Armadas no quieren compartir el compromiso, la responsabilidad histórica, de suprimir los partidos tradicionales”.

Punto número dos: “El Presidente de la República no acepta el pronunciamiento popular a través del voto porque considera que esa práctica de las democracias actuales es algo superado, argumentando que el voto solamente se debe requerir a los ciudadanos a través del referéndum o plebiscitos sobre puntos o temas específicos que el Poder Ejecutivo considere convenientes. En contraposición a esto, las Fuerzas Armadas sostienen que la soberanía está radicada en la Nación y que, entre otras cosas, una forma auténtica de expresión de esa soberanía es el voto popular”.

Ese 1974 me encuentra estudiando en el Liceo Departamental de Maldonado, con 16 años, y todos los compañeros que estábamos cursando el 5º año del Plan Piloto decidimos ir a la Oficina de la Corte Electoral a sacar la Credencial Cívica –porque con 18 años en el 76 deberíamos votar–, con la intención de presionar de alguna manera a las autoridades militares de aquellas épocas. Soy hijo de una familia de comerciantes, mis padres nunca se metieron en política. A mi viejo muchas veces lo vinieron a seducir los militares, pero él nunca se dobló; y cuento esta anécdota porque para mí fue el principio de la actividad política que hoy desempeño. (m.r.c.)

Para mí es anecdótico, por eso lo cuento y aún conservo esa credencial: Circuito Nº 15, Credencial Nº 22.580.

Por último –y tratando de ser muy breve–, quiero que pensemos entre todos y quisiera dejar una reflexión: con la facilidad con la que se puede abrir y cerrar una puerta, con la facilidad con la que de un día para otro se cercenan los derechos de las personas, los derechos humanos, las libertades individuales; esa puerta, para abrirla cuesta años, décadas; aún hoy esa puerta la tenemos entreabierta.

Como ejemplo basta decir que hoy estuvimos en la calle Sarandí y Florida poniendo la primera marca de la memoria en Maldonado, después de 38 años de desaparecido Horacio Gelós Bonilla, que fue edil departamental de nuestra Junta. Recién allí, después de 38 años fuimos capaces de poner la primera marca en su recuerdo, en su memoria, de alguna manera reparando moralmente a su familia. Y la verdad es que me parece que pasó mucho tiempo.

Por eso pienso que todos los días –¡todos los días!– debería conmemorarse el Día de la Resistencia y la Defensa de la Democracia.

Muchas gracias.

(Aplausos).

(Durante el transcurso de esta disertación, se retiraron los Ediles Graciela Ferrari, María Fernández Chávez, María del Rosario Borges y Sebastián Silvera e ingresó el Edil Daniel Montenelli).

SEÑORA PRESIDENTA.- Gracias, señor edil.

Tiene la palabra el señor Edil Maffoni.

SEÑOR MAFFONI.- Gracias, señora Presidenta, gracias señores ediles, queridas compañeras, queridos compañeros.

Es un gusto para mí que me den la oportunidad de referirme en la noche de hoy a este Uruguay que nació junto conmigo, que no lo viví en carne propia, pero sí fuimos esa generación que quedó atrapada. Creo que leía por ahí en un artículo de Guambia de hace muchos años lo que “El Corto” Buscaglia llamaba “Generación del Sandwich”, esa generación que era demasiado joven para ser hippie y tal vez demasiado vieja para ser punk, o al revés, según como se quiera ver.

Lejos está de nosotros el querer hablar de ese comienzo desde adentro, porque lo que hemos hecho fue obtener relatos de viejos compañeros junto a quienes nos criamos, de libros, documentos, del interés que pusimos por parte nuestra en buscar y reconocer lo que pasaba en aquel momento cuando crecimos y empezamos a avizorar que algo oscuro había en nuestro país, porque a nosotros nunca nadie nos contó nada. Por nuestros propios medios tuvimos que buscar información, saber qué era lo que pasaba y formar nuestra propia opinión al respecto.

El golpe de Estado de junio del 73, ya no cabe ninguna duda, en cuanto a la opinión que nosotros nos hemos formado, formó parte de una gran operación continental estratégicamente organizada y apoyada desde y por los Estados Unidos.

Formaron parte también las dictaduras de aquel tiempo, las de Brasil, Chile, Argentina y sumada, también, la antigua dictadura que regía en Paraguay. Son cosas que no las he escuchado hoy, pero si uno se remite a libros y a documentos y empieza a buscar información todo eso sucedió y también los países hermanos sufrieron los avatares del famoso Plan Cóndor.

En el Uruguay el pretexto de dicha barbarie fue la lucha contra el Movimiento de Liberación Nacional. Si nos remitimos a los relatos históricos, a los documentos, a los libros, inclusive las posibilidades que tuvimos de conversar con viejos compañeros, de los que algunos hoy lamentablemente ya no están, para esa fecha el movimiento estaba militarmente derrotado. (cg)

La verdadera finalidad, lo que buscó esa dictadura, como en los otros países vecinos y hermanos, fue detener el avance de las fuerzas políticas de izquierda y de las organizaciones sindicales y sociales que se desarrollaban en todos estos países. El movimiento obrero avanzaba, el pueblo se hacía sentir y eso había que frenarlo de alguna manera.

Cabe destacar a aquellos fervientes opositores, ciudadanos y ciudadanas todos que vieron su gestación y que pusieron en marcha la lucha sin medir consecuencias, con una posición acérrima. En algún momento habrá que reconocer a todos esos compatriotas, públicos y anónimos, que juntos emprendieron una lucha opositora a este golpe nefasto. Esos ciudadanos que, de a poco, estamos empezando a reconocer.

La dictadura que se cernía sobre nuestro país luego estaría enmarcada entre las más sangrientas y represivas del continente, otro hecho que también hay que destacar. La dictadura de nuestro país fue de las más crueles de Latinoamérica.

Luego de instalado el golpe y durante su larga duración, 11 años, nuestro pueblo luchó y resistió, sin pausa y sin tregua, en todos los frentes. Se opuso a la feroz represalia por parte de los golpistas, lucha esta que estuvo jalonada dentro del país por acontecimientos memorables, y vaya si los hay. Tal vez el más recordado sea el Río de Libertad, algo que me quedó grabado en la memoria.

Pero para mí, como para muchos de nosotros, tal vez lo más triste sea que aún hoy, a 41 años de aquella triste historia, todavía sigamos esperando voces trasmitiendo un mea culpa, algo que no hemos sentido y hemos pedido en varias oportunidades. Y hemos escuchado a muchos compañeros anónimos también pedirlo. Ese mea culpa no aparece, nadie se ha hecho responsable de aquel hecho, porque de una manera o de otra, los grandes protagonistas de esa historia siempre tienen una coartada, siempre tienen excusas y han salido airosos. Porque aún esperamos castigo también.

Hoy, en este día, más que conmemorar creo que deberíamos recapacitar todos, sin distinciones políticas, religiosas ni de ninguna índole, sobre aquel comienzo de los años oscuros, reflexionar sobre la democracia y lo que se perdió en aquel entonces, sobre la pérdida de la democracia. Hoy deberíamos reflexionar sobre la democracia, tanto sobre la que existía antes como sobre la que tenemos hoy.

La que tenemos hoy tal vez no sea una democracia perfecta, por la que todos nosotros peleamos según nuestros puntos de vista, no es la soñada por Marx ni la de Kropotkin, no es la democracia directa como la que pregonamos, soñamos, la que buscamos y por la cual militamos; pero esta democracia que tenemos hoy, la democracia representativa, que es una democracia a veces testaruda, a veces una democracia propicia y favorable para los agraciados, los que más tienen, otras veces cruel, despiadada con aquellos que menos tienen o a los que la vida ha golpeado, también es fruto de los hombres, los hombres que la llevan adelante.

Aquella democracia que perdimos, o que perdió el pueblo uruguayo, costó mucho recuperarla, costó la vida de muchos compañeros volver a levantar este país, correr a los golpistas y que las instituciones fueran instaladas nuevamente.

En definitiva, aquella democracia, la de antes del 27 de junio, tenía sus errores como la que atravesamos hoy, en nuestros días, que también los tiene, pero que debemos cuidarla. (k.f.)

Tenemos que pregonar que hay que conservarla con tolerancia, con la discusión amena, sabiendo llevar todas nuestras diferencias. Los políticos todos, los partidos, los ciudadanos, comunes debemos sentarnos y reflexionar y saber convivir con toda esa diferencia.

Sin ser grosero me gustaría enviar un mensaje a todos los políticos –entre los cuales me
incluyo–, pero entender que el pacto más grande que tenemos como políticos, integrantes de partidos políticos, es con nuestra gente, con el pueblo uruguayo y que las instituciones democráticas solo se pueden desarmar o nos pueden poner en ella, quien lo hace, que es “Juan Pueblo”. “Juan Pueblo” nos pone y “Juan Pueblo” nos saca y de eso no nos podemos olvidar.

Creo que a 41 años de ese triste episodio –voy a ser breve– hoy ya será tal vez imposible que se sepa la verdad absoluta de todo lo ocurrido, de todos los involucrados. Cada uno tendrá su propia opinión al respecto, pero lo que más me hubiera gustado y creo que habría sido visto con beneplácito por parte de todos los orientales, que aquellos ciudadanos de a pie, los que sufrieron las peripecias, los que la miraron de afuera, los que perdieron hijos, los que perdieron familiares, los que después no se sentaron en grandes sillones, los que no ocuparon grandes cargos, los que aún hoy siguen luchando…

Yo veo a doña Nelly ahí… ¡Y por favor! Me hubiese gustado que todos esos ciudadanos también, como nosotros, hubiesen tenido la oportunidad y hubiesen escrito el libro, porque el libro no lo escriben los que andan de a pie.

Por eso ciudadanos y por algo que he escuchado toda mi vida –porque sí lo puedo decir desde el golpe para acá, como nací con ese golpe lo he escuchado toda la vida–: por un rutilante “nunca más”. El legado más grande que me han dejado los viejos compañeros que sufrieron esa peripecia es eso: “nunca más”. Los uruguayos decimos “nunca más”, y por eso es que estamos sentados donde estamos.

Muchas gracias, señora Presidenta.

(Aplausos).

(Se retira el Edil Nino Báez Ferraro).

SEÑORA PRESIDENTA.- Muchas gracias, señor edil.

Tiene la palabra la señora Edila Elisabeth Arrieta.

SEÑORA ARRIETA.- Gracias, Presidenta.

Buenas noches para todas las autoridades que nos acompañan, para los vecinos y vecinas que también están presentes hoy aquí y para todos los compañeros y compañeras ediles.

Cuando uno se pone a pensar en esta Sesión Solemne y en la posibilidad de decir algunas palabras, empieza a reflexionar sobre los hechos históricos, sobre datos, cifras, nombres, en mi caso llega a la conclusión de que es mucho más rico hacerlo desde el lugar de los sentimientos, desde el lugar de las vivencias, de los recuerdos, desde los rincones del corazón y uno no puede dejar de pensar, cuando se menciona 27 de junio de 1973, como un día triste, un día oscuro, una mancha en la Historia de nuestro país.

Mi vivencia se remonta a Montevideo, donde nací. Estaba en primer año de liceo; recuerdo la angustia de mi padre, obrero de la planta de Ancap en La Teja; lo que era la situación que allá se vivía, le persecución que ya se venía y la presión que venían sintiendo los obreros en aquella época. La angustia de mi madre, el no saber qué iba a pasar, qué iba a pasar con esa huelga que empezaba y no se sabía cuándo terminaba ni qué cosas podían pasar dentro de la planta de La Teja.

Recuerdo nuestra angustia, niños prácticamente, alumnos de primer año de liceo que no sabíamos bien lo que pasaba, pero sabíamos que era malo, que no era nada bueno
lo que estaba ocurriendo. (a.f.r.)

Y antes y después del 27 de junio salíamos caminando pacíficamente por la calle Enriqueta Compte y Riqué, donde estaba y está el Liceo Nº 21 –un liceo de barrio, del barrio La Aguada–, en marcha, en resistencia a lo que estaba ocurriendo, sin entender muy bien lo que significaba, pero sí lo suficiente como para entender que era algo muy triste y oscuro lo que estaba pasando.

No lográbamos llegar a la calle San Martín, a dos cuadras del liceo, cuando ya aparecían las “chanchitas”. Doblaban en la esquina, se bajaban los militares, garrote en mano, a correr a niños de 1er año de liceo. Era un liceo que tenía –y tiene– solo hasta 3er año, así que imagínense las edades de nosotros, los manifestantes. Los vecinos abrían las puertas y nos metían del copete para dentro para salvarnos de una soberana paliza o de que nos agarraran y metieran directamente para dentro de la “chanchita”.

Todo el pueblo uruguayo tiene tristes recuerdos de aquella época. Todo el pueblo uruguayo, y quiero resaltar esa palabra. No hay uruguayo ni uruguaya que no haya sufrido de alguna manera, de un lado y del otro. Porque al que le tocó estar de un lado, sufrió la persecución; algunos sufrieron la cárcel, otros sufrieron la muerte o desaparición de un familiar. ¿Quién en este país no tuvo algún familiar o amigo cercano en esas condiciones? Nadie.

Y al que le tocó estar en el otro bando, a veces por circunstancias ajenas a sí mismo, también sufrió. Hasta aquel soldado al que le tocaba entrar a casa de una familia sufrió, como pasó también en mi barrio: cuatro soldados armados con metralletas entrando a las casas del barrio a hacer un relevamiento, un requisamiento, con absoluta violencia. Ese soldado también sufrió, no crean que no. Era mandado por sus superiores a entrar a una casa donde había una madre con tres o cuatro niños y tenía que dar vuelta y poner patas para arriba una casa. No crean que no sufrió, porque también sufrió.

La perspectiva de la Historia y el tiempo nos tienen que hacer comprender esas cosas. La herida fue muy profunda para todos los uruguayos y uruguayas.

Y a ese pueblo que se unió al principio, que hizo esa resistencia, que tenía a esos chiquilines
–niños– manifestando, que tenía esa huelga tan dura y tan cruel, que tenía esa angustia de los trabajadores, esa lucha de los trabajadores, esa lucha del movimiento estudiantil, poco a poco el poder militar fue logrando dividirlo. Seamos realistas también: al poco tiempo, muchos se fueron doblegando. Algunos por la fuerza del dolor, de la cárcel, de la tortura, otros por el temor, por el miedo, por el terror más que el temor. Y empezaron a aparecer los traidores, que hicieron tanto o más daño que lo que hacían quienes detentaban directamente las armas. Eso tampoco podemos olvidarlo. Desde todos los partidos políticos hubo traidores. Hubo quienes acordaron y se subieron al carro desde el poder militar, ocupando altos cargos en el gobierno, en ministerios, en consejos de Estado, en la Universidad de la República. A aquel que antes había sido compañero, que estaba en la lucha al lado nuestro, lo veíamos del otro lado. Eso también pasó y también debe ser parte de la memoria.

Pero el pueblo poco a poco logró unirse, y resalto: el pueblo. Muchos militantes dieron su vida, su libertad. Otros, como Wilson, dieron también su libertad y lucharon desde el exilio arduamente, con penurias económicas, con el dolor y el desgarro del exilio también, otros en la cárcel,
otros con su vida. (a.g.b.)

Pero el pueblo, sabio, empezó a descubrir la gran mentira, a descubrir que aquellos que antes estaban de un lado ahora estaban del otro, pero que había una realidad, una sola: había que unirse para recuperar la libertad y la democracia.

Fue ahí cuando cada uno empezó a poner su granito de arena, como pasando un cassette que venía clandestino del exterior de casa en casa.

Yo ya estaba en la Universidad y no podíamos reunirnos más de tres, no encontrábamos la forma, pero como grupos de estudio encontramos la manera hacer la resistencia en la clandestinidad, sin distinciones de banderas políticas, porque estábamos todos entreverados, todos queríamos lo mismo: la libertad y la democracia.

Era muy difícil para los estudiantes universitarios en ese tiempo, por el solo hecho de serlo ya éramos sospechosos para el poder militar. Nos perseguían, nos seguían, nos investigaban permanentemente, pero el pueblo logró unirse y ser más fuerte.

Sobrevinieron los episodios del año 80, el plebiscito del “Sí” y el “No” –una gran cachetada al poder militar, una gran cachetada con la que el pueblo dijo “No”, abrumadoramente–; vino el año 82 y el 84, producto de esa lucha del pueblo uruguayo en su conjunto.

Permítanme decirles, con el mayor de los respetos, a todos quienes sufrieron directamente cárcel, tortura, desaparición: que si no hubiera estado todo el pueblo uruguayo unido, no salíamos, porque hasta la más humilde de las amas de casa que iba con la bolsita a hacer cola para la carne –porque había veda y había que estar horas y horas haciendo cola para conseguirla– buscaba la manera de decirle a la otra que estaba al lado: “Che, esto no da para más, votá el ‘No’, vamos a salir de esto, hay que resistir”.

Si todo el pueblo en su conjunto no se hubiera unido, no salíamos; dirigentes políticos, militantes, pero también el pueblo de a pie, la ciudadana y el ciudadano comunes.

En esa lucha estuvo el Partido Nacional, por supuesto que estuvo. Estuvo antes, estuvo el 27 de junio, estuvo después, estuvo durante toda la dictadura. Nunca cedió ante el poder militar, nunca acordó, nunca se doblegó. El Partido Nacional, el defensor de las leyes, nunca cedió; tampoco fue al Pacto del Club Naval.

Pero la Historia se dio como se dio…

(Aviso de tiempo).

…–ya termino, Presidenta–, salimos y recuperamos la democracia.

Bien se dijo acá que esto fue todo un proceso. Proceso que comenzó en los años 60 en los que tanto la guerrilla –que tomó las armas– como el Gobierno tuvieron su responsabilidad. Ambas partes tuvieron responsabilidad en lo que todo el pueblo sufrió después.

Aprender de los errores es lo que debemos hacer. Esta noche debemos homenajear a todas las uruguayas y todos los uruguayos que a su manera dieron la lucha para recuperar la libertad y la democracia. Debemos darles gracias a todos ellos, porque por ellos estamos esta noche aquí celebrando esta Sesión, por ellos estamos las edilas y ediles ocupando este sagrado lugar, altar de la democracia, ocupando nuestras bancas, electos democráticamente; pero cuidado, cuidemos esa democracia.

Ya se dijo acá: no fue un 27 de junio que sucedió por obra de una varita mágica lo que sucedió, fue todo un proceso que llevó muchos años.

Cuidado con las democracias rengas. Algunos se creen y confunden mayorías con autoritarismos, ser los dueños de la verdad.

El respeto por las minorías debe ser total y por todos y por cada uno de las ciudadanas y los ciudadanos del Uruguay.

Lamentablemente, hoy, en esta democracia que a veces es un poco renga, también se reciben denuncias de persecución. Todos los ediles aquí lo sabemos y nos ha pasado en algún momento. Cuidemos y defendamos la Ley, la democracia, la Constitución, hagámosla cumplir a rajatabla. (c.i.)

Para terminar, simplemente quiero decir que acá varios señores oradores y varias señoras oradoras han mencionado la inmensa figura de Wilson en aquella noche del 27 de junio. Pero yo quiero quedarme con el mensaje de esperanza, de futuro, de aquel Wilson del 1º de diciembre de 1984, cuando liberado de la cárcel –en el cuartel de Trinidad– se reencuentra con todos los uruguayos y uruguayas. Mientras todos esperaban rencor y odio, se encontraron con un Wilson con la mano extendida. Y con esa imagen me quiero quedar, con esa imagen de esperanza, de futuro, de todo lo que los uruguayos y uruguayas, sin olvidar el pasado y aprendiendo del pasado, esperan de todos nosotros en el sistema político: un Uruguay mejor.

Me quedo con la frase de Wilson de ese 1º de diciembre del 84 al recuperar la libertad y la democracia que decía: “Por la libertad se pelea siempre, porque nunca está definitivamente conquistada. La lucha comienza todos los días, y -compañeros y compañeras- por lo tanto, comienza hoy”.

Muchas gracias.

(Aplausos).

(Ingresa la Edila Graciela Ferrari).

SEÑORA PRESIDENTA.- Gracias, señora edila.

Tiene la palabra la señora Edila Beatriz Jaurena.

SEÑORA JAURENA.- Gracias, señora Presidenta.

Ya estamos todos cansados, se está haciendo tarde, y por eso voy a ser breve. Quería puntualizar algunas cosas, sin profundizar en lo que es la reseña histórica.

En realidad, me gustaría que quedara claro que cuando hablamos de dictadura estamos hablando de dictadura cívico-militar; eso, en principio. Después, quiero decir que no estamos hablando de una guerra sino de un terrorismo de Estado, y que hubo una coordinación a nivel latinoamericano –que no fue la del ALBA–, una coordinación de muerte y de tortura.

En esta fecha es importante recordar lo que pasó, pero la reconstrucción del pasado reciente es permanente y tiene que ver con la construcción de futuro. No es un tema que tiene que ver con el pasado sino con la construcción de valores, porque no podemos construirnos en base a la mentira, a la injusticia y a la falta de garantías. Y cuando hablamos de valores, cuando hablamos de referentes, tenemos que pensar cuáles son los referentes que nosotros les estamos dando a las futuras generaciones; porque acá hay gente que mató, que torturó, y sigue impune, y todavía hoy no sabemos qué fue lo que pasó con muchos de nuestros compañeros que murieron en la tortura, que no sabemos dónde están pero sí quiénes fueron los responsables, y no hablan.

Quiero, además, reconocer y recordar hoy a algunos compañeros que ya no están con nosotros, compañeros que dejaron la vida por las cosas que creían y compañeros que sí sobrevivieron a lo que fue el horror, como Alicia Martínez, como Nilsa, como “Keke”, como Raquel y como muchos otros compañeros y compañeras que sí han resistido. Creo que un día como el de hoy, el Día de la Resistencia, tenemos que reconocer el trabajo que han hecho y las cosas por las que han pasado.

Es importante agradecer la presencia de muchos compañeros y compañeras que a la salida de la dictadura pelearon en la calle para que hoy tengamos lo que tenemos, y que han seguido trabajando para saber qué fue lo que pasó y para que haya justicia en nuestro país.

Cuando nosotros nos callamos, señora Presidenta, cuando no decimos las cosas, cuando no reclamamos que haya verdad y justicia, también somos cómplices.

Quiero terminar compartiendo con ustedes algo que en aquel momento compartimos en la Plaza de Maldonado con los vecinos y las vecinas a la salida de la dictadura.

(Se reproduce canción “No tenemos miedo”, Jairo). (m.r.c.)

SEÑORA PRESIDENTA.- Gracias, señora edil.

Tiene la palabra el señor Edil Noguera.

SEÑOR NOGUERA.- Gracias, señora Presidenta.

Compañeros presentes: voy a ser lo más breve posible.

No voy a hacer –como decía la compañera– una reseña histórica de los hechos humanos e inhumanos ocurridos en mi país durante la dictadura. Esa historia negra creo que al fin quedará plasmada, o deberá quedar plasmada, en los libros de Historia de Primaria y Secundaria, para que nuestros hijos y nietos y las futuras generaciones sepan la verdad de la historia negra de nuestro país; historia negra que es Historia y como tal son hechos humanos aberrantes, pasados, y que deberán ser una contribución para el futuro.

Quiero expresarme esta noche, después de oír muchas cosas -y hoy en la mañana escuchando a muchos compañeros–, sobre sucesos que pasaron por mi cabeza durante muchos años.

Yo, por mi edad, tuve que vivir la transición de la dictadura a la democracia. Fue una transición muy lenta, porque esa democracia fue madurando conmigo con el paso de los años.

Tener una democracia no significa ser totalmente libre.

Este edil luchó por las reivindicaciones de algunas trabajadoras en Punta del Este que eran explotadas en un régimen democrático. Luchó cuando estaba esa democracia renga; era renga porque nació renga a partir de tener candidatos proscriptos, entonces no era una democracia como tal, sino una salida hacia la democracia.

Yo quiero reivindicar a las constructoras cuando hablo de esas mucamas, que en silencio viajaban muchas de Zona Oeste a Punta del Este a los grandes edificios solamente por el pasaje y para preservar el trabajo en las temporadas.

Esa democracia en aquel momento estaba muy limitada, democracia que después, aparentemente, parece que hubiese terminado en Joaquín de Viana y Florida. A esa democracia no la quiero más, no quiero “la de las botas”, pero tampoco quiero la democracia que me limite el crecimiento y que no me permita ser un hombre cada vez más libre. Y para ser libre debo tener salud profunda, pero debo tener la libertad en enseñanza. Necesito mamar del sistema político los acuerdos y laspolíticas de Estado, que nos permita a todos los uruguayos salir de la mano de todas las situaciones como salimos– y reivindico a todo el sistema de nuestro país– de aquella dictadura que sufrimos. (cg)

Muchas cosas he escuchado, y no dudo de los remordimientos.

¿Sabe una cosa, compañera Presidenta? Yo tuve un compañero militar al que en la dictadura su conciencia hizo que se cruzara de bando. Era un militar de carrera, y me enseñó cuáles eran los valores de la democracia. Ese compañero se llamaba Líber Seregni.

También hubo otro compañero militar que no fue a entrar a cuartos ni a hacer allanamientos: el compañero Licandro, y muchos más, que pagaron por su conciencia y su vergüenza de ciudadanos uruguayos con 11 años de cárcel, y muchos otros con el exilio.

Yo quiero reivindicar en estos momentos de democracia, compañeros, a esa talla de gente, pero también a viejos colorados, a viejos nacionalistas, a viejos comunistas y también, por qué no, a viejos anarquistas que han aportado a nuestro pueblo e inclusive a la fundación de nuestra Patria. No puedo olvidar esas cosas.

Y quiero terminar estas breves palabras diciendo que no es que la democracia haya culminado en tal fecha y empiece en otra, en el 85, sino que a esa democracia hay que regarla. Pero hay que regarla con justicia social. Yo no quiero una democracia, nunca más quiero una democracia donde se eliminen los Consejos de Salarios para que los trabajadores no tengan dónde opinar y pelear por la distribución de la riqueza de mi Nación. Eso no es democracia, es democracia a medias. No quiero una democracia que permita al poder político caerse de rodillas ante el poder económico y dejarse subrogar por él. Eso no es democracia. El sometimiento a los trabajadores y a los que menos tienen no es democracia, es poder en sí mismo. Democracia no es solamente poder expresarse y poder votar; la democracia es lo que me permite sentirme más libre todos los días. Yo no me puedo sentir libre mientras vea injusticia social o palos en la rueda o se critique o se llame de atorrantes a aquellos que reciben un plan de emergencia. No puedo concebir una democracia con compatriotas que emiten esas expresiones.

Por eso es que hoy me remito simplemente a hacer una reflexión sobre la patria del futuro que quiero, esa patria que decía el General Seregni.

Nada más. Muchas gracias.

(Aplausos).

(Durante estas palabras se retiraron los Ediles Beatriz Jaurena y José Monroy).

SEÑORA PRESIDENTA.- Bien. Siendo la hora 23:30 minutos y no habiendo más oradores, damos por finalizada esta Sesión Solemne. Y que nunca más tengamos un 27 de junio de 1973.

Gracias.

(Aplausos). (k.f)

Siendo la hora veintitrés y treinta minutos del día 27 de los corrientes y no habiendo más asuntos que tratar, la señora Presidenta da por finalizada la Sesión, labrándose para su debida constancia la presente que se firma en el lugar y fecha antes indicados.


Sra. María Cruz

Presidente

Sr. Hebert Núñez

1er. Vicepresidente

Sra. Nelly Pietracaprina

Secretaria General